domingo, 13 de marzo de 2011

Memorias de un parado cualquiera


Hoy ha sido un mal día. Me han invitado a marcharme de mi nuevo trabajo. ¡Para una puta vez que había conseguido un empleo estable de 6 días a tiempo  parcial!, mi jefe me dice que no he superado el período de prueba.

¿Ahora sin trabajo que hago? Supongo que lo de siempre...ver la televisión.

La tele para mi es un grandioso invento que me permite enterarme de todo lo que me quieren mostrar los que manejan los hilos, sin verme obligado a utilizar la única neurona que aún resiste en mi cerebro.

Pues nada, me dejaré caer en mi sofá y empezaré a practicar mi deporte favorito “hacer zapping y decidir cuál es el programa que solo vería bajo tortura en Guantánamo”. Posiblemente, el resultado final, sea el programa que tiene mayor audiencia.

Al día siguiente, me despertaré temprano, porque todavía mi mente, estará programada para levantarse a las 7:00 h, hora a la que me sonaba el maldito despertador cuando iba a trabajar. Como no tendré nada que hacer, encenderé  la televisión y veré las noticias. Antes me era imposible porque me levantaba con el tiempo justo para ducharme y tomarme un café mientras me vestía.

Me pregunto quién coño programa las noticias para esas horas, si los únicos que las ven son los parados, jubilados, tíos que vienen de juerga (todavía morados y se tragan cualquier cosa) y enfermos en hospitales que matan el tiempo, mientras la Seguridad Social trata de acabar con sus vidas.

Luego alrededor de las 12:00 de la mañana, cuando se supone que todos esos locos bajitos estarán en el colé, la tele no para de echar cosas dirigidas a ellos. Supongo que como en cuestiones como la política, la economía ect, aquí también hay falta de dialogo social. Lo lógico sería que las cadenas de televisión se sentarán a negociar con los profesores para unificar horarios, pero vivimos en un país en el que nadie quiere entenderse.

Justo después de la programación infantil, comienzan los programas de marujeo. Esos que nos impiden que vayamos hacer la compra, limpiar la casa, cotillear con nuestros vecinos,... Son como una maldita droga, cada día que pasa tengo la necesidad imperiosa de saber todo lo que ocurre en Ambiciones, de si éste o aquél se han puesto los tarros, de si Ana Obregón se ha vuelto a someter a una nueva operación de cirugía estética, ¡dios, no puedo dejarlo!

¿Por qué lo hacen?, ¿quieren que nos muramos ahogados entre la mierda de nuestros hogares o por inanición y así ahorrarse el pago de nuestro subsidios o pensiones? ¡Joder!, esta puta crisis nos va acabar aniquilando a todos.

Por la tarde, veré algún culebrón o alguna peli que me deje anestesiado en el sofá. Si esto no funciona, pondré la teletienda, sus efectos  aunque más efectivos, son más demoledores para mi pequeño cerebro.

Yo creo que lo de los culebrones, es algún tipo de venganza de algún hechicero o chamán, de cuando los españoles conquistaron y espoliaron sus pueblos. Estos se dedicaron  a escribir miles de guiones con el objetivo de destruir de un modo despiadado la civilización de su enemigo.

Supongo que nos lo merecíamos. Pero, ¿Por qué no le pusieron los putos culebrones a Pizarro o a Hernán Cortes?, ¡joder!, yo no tengo nada que ver con la conquista. Creo que quién planeo esto, hizo bueno el dicho de “la venganza es un plato que se sirve frío”.

Al llegar la noche, me acabaré tragando la repetición de algún programa que haya visto a lo largo del día, para poder fijarme y reflexionar sobre los matices que he dejado escapar cuando me han llamado al teléfono y me han hecho un ofertón para ver todos los partidos gratis de la liga BBVA durante los seis primeros meses, si permanezco en el nuevo operador tan sólo durante cinco años.

Por culpa del señor Zapatero, estoy condenado a tragarme todo lo que vomita la televisión, incluidos los anuncios que tratan de hipnotizarme para que acabe gastándome, los cuatro duros que cobro con mi prestación de desempleo, en alguna cosa que no necesito para nada.

Y así paso los días, tragándome lo que ponen, día tras día, hasta que algún patético empleo me prive de los maravillosos momentos que paso frente a mi mejor amigo, la televisión.

Un abrazo,

Rato Raro

5 comentarios:

jaramos.g dijo...

No me reconozco, Rato. Yo también estoy sin trabajar y no hago nada, absolutamente nada, de eso que tú haces. Entonces, ¿quién es el raro? Ah, y otra cosa: eres un parao mu gandul, porque ni buscas colocación ni piensas hacerlo, por lo que se ve. Claro, después vienen los llantos... (jeje). Saludos, artista.

Rato Raro dijo...

Jaramos, todavía por suerte aún no estoy parado. Simplemente me metí en la piel de un parado cualquiera.

Un abrazo,

Rato Raro

jaramos.g dijo...

Eso ya lo sabía, jaja. Yo tampoco soy un parado. O sea que... todo mentira.
:) Por suerte.

Rato Raro dijo...

¿Que pasa que en este blog?,¿
¡Qué nadie cuenta una sola verdad!

Un abrazo,

Rato Raro

Anónimo dijo...

No podía parar de reírme cuando he leído aquello de la maldición de algún chamán. ¡Qué genial!

Tienes toda la razón, la progración de la televisión es horrible, aburrida y además peligrosa y absurdamente absorvente. Dieron mucho el petardazo con la TDT para luego quedarnos casi igual o peor, ahora tenemos 40 canales sí, pero que pueda merecer la pena 1 o 2 y ya digo mucho.

Me alegro que no sufras del paro, yo "por suerte" todavía sigo estudiando.

¡Un abrazo!