miércoles, 12 de octubre de 2011

ODIO LAS BODAS

Durante los últimos meses no paran de invitarme a bodas y bautizos. Supongo que esto se debe a que tanto mi círculo de amigos como yo somos fruto del boom 75, y claro todos sabemos lo que esta socialmente establecido cuando tienes treinta y muchos.

Tus amigos creen que cuando te invitan a una boda te hacen un favor, ¡y lo que de verdad te hacen es una tremenda putada! No entiendo porque hay gente que quiere que vayas a su boda si hace más de una década que no los ves. ¿Tendrán ganas de compartir ese “maravilloso” momento de su vida contigo?, ¿o simplemente lo que quieren es hacer negocio? Me jode un huevo de pato que me estropeen un fin de semana. Para un par de días que tengo a la semana para hacer y  vestir como me sale de la web, tú me obligas a ponerme de nuevo el traje e ir a un garito con música muy chunga regentado  por un tío con pinta de gótico, donde el único que puede privar es él. ¡No me digas que eso es un buen plan!

La que viene a la mente cuando me invitan a una boda es: ¿Por cuánta pasta me saldrá? Porque lo primero que hace tu querido “viejo amigo” es darte el número de cuenta para que le ingreses el regalo. Aquí el dicho “de la intención es lo que cuenta o con tu sola presencia me basta”, no vale. Si aún por encima tienes la suerte de ser gallego como yo, la broma te saldrá por un pico. Porque aquí en mi tierra, las bodas se celebran por todo lo alto y es que ponen como mínimo cuatro tipos de marisco antes de pasar a buena carne y pescado. Por lo que el menú como mínimo sale a unos 100 € por barba. ¡Y claro les acabas ingresando un porcentaje a mayores proporcional a tu generosidad o inversamente proporcional al número de bodas a las que hayas asistido con anterioridad ese año!

La verdad es que las bodas te regalan un montón instantes para la reflexión. Cuando estoy en misa siempre me hago la misma pregunta: ¿Qué hago aquí rodeado de tanta gente emocionada cuando esto no me importa ni un pepino? Al final este momento tan íntimo se acaba rompiendo por algún tremendo trasero que se interpone en mi mirada (mi concentración es muy frágil).

Luego llega el momento del convite. En el que te sitúan en una mesa redonda con gente de tu quinta, pero que no has visto en tu puta vida. Al principio se hacen los simpáticos. Pero cuando ya tienen medio litro de alcohol en vena empiezan a parecerse a la Duquesa de Alba. Mientras, sus parejas hablan de sus cositas, critican a esta y a la otra por el vestidito que llevan. Llegando al clímax cuando hablan de lo guapa (aún que esta sea un auténtico cardo borriquero) que va la novia. Lo peor viene después, cuando la parejita de recién casado inaugura el baile. Es un auténtico esperpento ver como señores y señoras de casi 100 años bailan todos borrachos al ritmo de algún tema de Pitbull.  Llegando otro momento intimista de la noche en el que piensas: ¿Qué coño hago aquí?

Por todos estos motivos no pienso volver a ninguna boda salvo que sea de alguien muy cercano, en la que confieso que me hará mucha ilusión asistir.

Un abrazo,

Rato Raro


5 comentarios:

J. Vela dijo...

Oye, ¿cómo puede no haber ningún comentario en esta entrada? ¿O me sale que no hay ninguno porque mi ordenador no furula?

En fin, me quedo por aquí, si no te importa... jaja

Besos

Rato Raro dijo...

No tu ordenador furrula bien, lo que pasa es que este post estaba huérfano de comentarios. ¿Quieres amadrinarlo? :)

Encantado de que te quedes por aquí.

Un abrazo,

Rato Raro

takeiteasyguy dijo...

Por dios! Este post es como escuchar mis propios pensamientos. Soy mujer y no entiendo como hay mujeres para las que el día de su boda es el más especial de su vida.Si eso es lo más especial que pueden hacer con su vida,pues,sinceramente no quiero una amiga con tanto oquedad mental. Así que mando a mi marido a las bodas (ironías del destino, èl va encantado) y yo me ahorro un cubierto ,un vestido y la hipocresía de sonreir cuando lo que quiero es salir zumbando y tirar los tacones a la basura.

Anónimo dijo...

Jajaja esta muy bueno este blog, y es muy cierto!! A veces te llegan invitaciones de gente que ni tratas, y dices yo que demonios voy a hacer ahí? Invertir en regalo, en vestido (si eres mujer) te sale cara la cenita jejeje, yo he visto en lo personal que el que se va a casar quiere que todo mundo vaya a su boda, aunque sea gente que ni conocen y cuando a ellos se les invita a otra boda ahí si no van, ahí se les da flojera ir porque no es su boda =/ y lo peor viene que muchas que se casan de blanco paradójicamente ni son vírgenes y así andan por la iglesia, las bodas han perdido mucho la tradición original =/ es mero negocio de los novios

Anónimo dijo...

Más razón que un santo, de principio a fin. Lo que también me hace gracia y no has nombrado la reacción de la gente cuando dices abiertamente que "odias las bodas". Por lo visto somos unos monstruos los que pensamos así.

Me ha calado especialmente la frase de "¿Qué hago aquí rodeado de tanta gente emocionada cuando esto no me importa ni un pepino?".