domingo, 21 de noviembre de 2010

Mis almas gemelas

Los que me seguís habitualmente o los que sois todavía mis amigos por alguna extraña razón que no alcanzo a comprender, sabréis que soy un hombre bueno, solitario, bohemio, incomprendido en la mayoría de las ocasiones y sobre todo muy sexy cuando me pongo uno de mis pijamitas, ¡vale!, cuando no lo llevo tan bien.  ¡Supongo que nadie es perfecto!

Ayer tenía uno de esos días en los que necesitaba encontrar mi verdadero “yo”, me pase horas atormentado pensando en cada uno de esos estereotipos en los que me encasilláis. Necesitaba ayuda y decidí llamar a mi amiga Chicako, experta en reiki,tantra,wok,sushi y sudukus. Yo cariñosamente la llamo “Zen” porque la verdad si la quitas de los temas transcendentales es un poco cenutria.

Zen me explico una cosa que me alegro y a la vez me preocupo, muchos pensaréis que esto me paso por ser gallego, no se por qué coño siempre os quedáis con los malditos estereotipos. Al grano, me dijo que todos tenemos ocho almas gemelas. Esto me hizo pensar que ocho personas como yo podemos incordiar mucho, imaginaros que coincidimos todos en una reunión, para empezar creo que sería necesario llamar a los cascos azules para evitar un conflicto de dimensiones internacionales. Poco después me puse a pensar en lo sólo que estoy en mi vida, estoy convencido de que mis 8 almas gemelas están en Islandia, Bélice, Sierra Leona, Nueva Zelanda, una todavía no ha nacido y todavía me faltan tres.

Después de esto decidí investigar un poco en la red y en la página 8, del número 88 de la revista Más Allá, leí lo siguiente: “las almas gemelas no tienen porque ser personas o humanoides (se que esto es cierto porque estamos hablando de una revista seria y rigurosa), pueden ser incluso animales, plantas (incluidos los tubérculos), piedras preciosas, hongos o incluso cosas.

Supongo que después de esto, os estaréis preguntando “¿Cómo se sabe qué o quién es tu alma gemela?”, pues muy sencillo, esto va a depender de una serie de factores no intercalables como el carácter, los gestos, el aspecto físico, los objetivos de la vida, la manera de dormir, los  sentimientos, el Karma y los pensamientos. Teniendo en cuenta esto y obviando el carácter, los gestos y objetivos que una zanahoria o champiñón puedan tener, ya se quienes son mis almas gemelas. Por mi carácter un cactus que tengo en mi habitación, por los gestos una estufa que tiene mi madre de gas butano en su casa, por el aspecto físico un alce de Madagascar que tiene mis cuernos y mi nariz, por los objetivos en la vida Nacho Vidal, por mi manera de dormir un champiñón en lata, por mis sentimientos una bolsa de peta zetas,  por mi Karma un bote de Ariel Sensaciones y por mis pensamientos el dulce y tierno Nemo.

En este post tan trascendental, voy a mandar un mensaje a mis almas gemelas, AVISO IMPORTANTE: NO VA DESTINADO NI PARA ANIMALES, PLANTAS NI DEMAS COSAS:

Si alguna mujer de buen ver piensa que es mi alma gemela que por favor me agregue a su Facebook para que pueda ver sus fotos y decidir si lo es o no.

Os quiere más que ayer pero menos que mañana vuestra alma gemela,

Rato Raro

martes, 16 de noviembre de 2010

Oh de Prestixe!

Hoy rebuscando entre mis papeles, he encontrado un viejo poema que escribí hace casi ya ocho años. Posiblemente no os parezca ninguna maravilla pero la verdad a mi me ha emocionado, lo escribí cuando todavía me quedaba algo de corazón.

Bueno aquí lo tenéis (esta escrito en gallego, no he querido traducirlo para respetar mis recuerdos).

Oh de Prestixe!
 
Non souben o duro que e vivir
ata non haber pisado
as negras costas da norte.

Non souben o fácil que e chorar
ata non escoitar
o lamento do mar obstinado.

Non souben de que cor era a soidade
ata que non vin o negro das Illas Cies.

Mentres eu descubría quén era
e outros descubrían o qué eran (¡uns incompetentes!),
o carón da miña casa,
unha pala
e 150 homes
loitaban coa morte.
E os que restaban
que non eran poucos,
roncaban,
si escoitades ben roncaban,
dun xeito tan profundo
e tan basto que ninguén espertaba.
(Nin sequera a incompetencia
dun goberno
que sen querelo
lles azoraba).

Mentres no mar
os escuros,
carrasposos,
e infatigables mariñeiros
que as veces
semellan ser superhomes,
aférranse a loita,
a esperanza
e nin tan sequera se renden,
ante os poderes do maléfico Aznar,
perdón Satan.

Mentres no teu corazón,
cheo de escombros,
semella que algo con prestixio
acabará partíndose.
Mentres
que outros deses
incompetentes,
soñan que acabará por afogarse.

E que dicir
da túa esencia,
onde os cheirumes entremezclanse:
corpos suados e sucios,
mar cheo de fuel olio,
praias tinxidas de negro,
conforman un fermoso
excremento
onde emana un aire
que rezuma o inconfundible
Oh de Prestixe!

É que me dis daqueles
que compoñen o teu corpo:
eses gordos
e fracos,
uns sen pernas,
outros sen brazos.
¿Somos acaso un país
de mutilados?
por non falar
de aqueles “irmáns”
que perderon o seu cerebro
o mesmo tempo
que foron de cacería.

O peor de todo
e detectar nos rostros
unha total ausencia
de esperanza,
ás veces levanto
os meus ollos
e os vexo
camiñando pola costa,
soben e baixan
polas dunas,
pasan entre as rochas
volven a dar volta
e volven a pasear
pola mesma praia,
unha e outra vez,
vendo como cada migallo
do seu pan
é devorado
por cada nova
marea.

¿Qué lles pasou?
¿E que me pasou a min?
¡Qué coño te pasa a ti?
¡Veña non te durmas
e érguete xa!
que chegou
a hora de loitar.

CONDE DE OLIVEIRAS ahora Rato Raro

sábado, 13 de noviembre de 2010

Tengo un pedo enquistado

Os imagino a todos vosotros, pegando vuestra naricilla (en tu caso Juan: la trompa) en la pantalla de vuestro ordenador, entrando en mi blog y  preguntándoos: ¿Qué coño le pasará a mi amado Rato que no ha escrito nada esta semana?, ¿Estará bien?, ¿se le habrá muerto el perro?, ¿se habrá olvidado de cómo llegar hasta su casa?

Pues bien amigos, tengo que deciros que estoy muy enfermo. Me cuesta confesarlo. Tengo una anomalía nueva en mi físico, necesito desahogarme, así que os la diré: TENGO GASES.

Amigos y lectores, el pasado fin de semana me empezó a dar un dolor muy fuerte en el lado derecho, a la altura de las costillas. Yo como soy hipocondriaco fui al médico, me hizo todo tipo de pruebas, ecografía abdominal, resonancias radioactivas en el vientre, exploraciones interanales... Sé que no es bueno hacerse este tipo de pruebas ni abusar de las mismas, pero yo ya llevo unas 15 este año.

Hoy cuando fui a recoger los resultados le dije al médico muy nervioso: “¿Qué tal?, ¿Cómo tengo los riñones, el páncreas, el hígado, el corazón, el estómago, el intestino grueso y delgado, la vesícula?, ¿Cómo está todo esto doctor?”. Le confesé que era bebedor y que sospechaba que podía tener algún tipo de problema de hígado que afectase a todos mis órganos vitales. El médico me dijo mirándome fijamente a los ojos (¿sería gay?, en el momento no me paré a pensar en ello, estaba preocupado por mi dolencia): “Rato, tienes gases, aires, te lo voy a decir un poquito en plan médico que es más complicado que lo entiendas. Rato tienes un pedo enquistado”.

Casi llorando y con la voz entrecortada le pregunté:

- ¿Doctor qué me está usted diciendo?. 


- Tienes un pedo enquistado, me repitió. Fue tan tajante que no me quedo más remedio que asumirlo.

Él me autorizó públicamente a que yo me tire pedos libremente. ¡Joder!, estoy preocupado, ¿os ha pasado alguno de vosotros esto?

Tengo gases, quiero suponer que es un problema cotidiano y mundano, mi madre me dijo una vez que el Rey también se tiraba pedos. Ahora que lo pienso, recuerdo una vez que su Majestad participaba en una regata, el mar estaba en calma, hasta que de repente hubo marejada detrás de la vela que sostenía el monarca. Creo que sin  quererlo Juanqui se echó un Real pedo.

Os voy a contar una cosa que me sucedió esta noche, estaba en un pub y aprovechando el follón de la música, me tiré un pedo, sabía que era el momento porque no se iba a enterar ni dios. Lo malo, es que me tiré un pedo tan tremendo que se me han roto dos costillas.

Cuando me preparaba para irme a la cama seguía sin sentirme bien, tenía un dolor insoportable. Me tiré un gas y cuando me levanté el edredón estaba hecho jirones. Lo peor es que era una funda nórdica que me había regalado mi madre, ahora que llegaba el frío.

Supongo que algún desalmado estará pensando mientras lee esto que estoy siendo uno de los principales responsables de la destrucción de la capa de la ozono. Pues no, ¡listillos! que sepáis que fue la laca de Margaret Thatcher la que se la cargo hace años.

Lo único bueno de todo esto es que si me tiro un pedo delante de mi jefe y este me dice:”¡De que vas!”, yo le podré contestar: “Perdona pero el médico me lo ha aconsejado”. Si amigos, antes es la salud que el trabajo.

Animo a todos mis lectores y amigos que como yo estén sufriendo este problema. Escribirme  si sabéis algún remedio para los pedos o para facilitar la salida del gas por el recto. Os recuerdo mi dirección de correo electrónico: nosoyunmendrugo@gmail.com

Un abrazo,

Rato Raro

sábado, 30 de octubre de 2010

Segunda parte: Momentos de mi infancia que marcaron mi vida

Como ya he comentado en mi post anterior, mi madre me hacía comer unos enormes bocadillos de nocilla y mantequilla que me llevaban horas o incluso días terminarlos. Como no podía salir a jugar con mis amiguitos hasta que lo terminará, ¡Oh ingenuo de mí! encendía nuestra tele en blanco y negro y ponía los dibujos o algún programa infantil. Nunca pensé que podrían llegar a cambiar mi vida, mi existencia, mi destino...

Supongo que os acordáis de Heidi. Pues bien amigos, esta en principio inofensiva serie,  marco mi conducta con el sexo femenino. Sinceramente, no creo que sea normal que un niño de 6 años  pueda ver unos dibujos en los que una niña pone caliente a su amiguito Pedro durante más de 300 capítulos sin acabar nunca en el pajar. Pensando en ello, recuerdo como en un capítulo desaparecieron con su perro Niebla y un bote mermelada, ¡vaya! no se por qué ha venido esto a la cabeza ahora. Pues bien, todo este tipo de tensión sexual no resuelta, acabo por afectarme, minando mi seguridad, mi autoestima...ahora nunca se en que capítulo puedo llevar a una chica al “pajar”, y esto claro esta, hace que mi actividad sexual este muy por debajo de la media.

Si con lo de Heidi no me bastaba, me tragaba también Marco. Si, ese capullo, que aunque su madre pasará de él, la seguía como un mono, perdón con un mono. Es duro, cuando eres pequeño, ver como una madre no quiere ver ni en pintura a su hijo y menos si este lleva consigo a todas partes un mono gilipuertas. Esto me afecto, yo diría incluso que me trastorno, perdiendo por completo la seguridad sobre el cariño que me profesa mi madre. Lo único que me hace ganar, cada día, confianza es que yo no tengo un mono, sino una perrita que no es gilipuertas como Amedio.

Por último, como no, Barrio Sesamo. Ahora, ¡listillos!, pensareis que os voy a contar como me traumatizaba que Espinete se paseará desnudo por el barrio sin que a nadie pareciera importarle, o la alegría de Chema cuando aparecía impregnado de un extraño polvo blanco, o de la mirada perdida de Caponata fruto del consumo de..., o de la presunta relación homosexual de Epi y Blas. Hablando de esto, no si recordáis una escena en la que Epi le pide Blas que le pase el jabón (¿o aceite?) mientras está en la ducha. 


Pues no amigos, no me afectado nada de esto, y no por falta de gravedad de los contenidos sino por falta de espabilación. De hecho, no me he enterado de todo esto hasta que cumplí los 18 y pude comprarme el “Jueves”, el cual me abrió los ojos sobre el obsceno mundo de la programación infantil. Amigos, lo que de verdad me marco, fue el “inofensivo” Coco, ¡nunca!, hasta tan siquiera hoy, soy capaz de discernir  la diferencia entre “aquí” y “allí”. Lo recuerdo caminando de un sitio para otro diciendo que lo antes  era aquí ahora es allí y viceversa, sinceramente me hago la picha un lio. Por eso, creo que me desoriento tan fácil, de hecho no soy capaz de llegar solo a la panadería de mi barrio sin la ayuda de un tomtom.

Con razón he salido así, los que me conocéis personalmente tendréis que aceptarme tal y como soy,  porque yo no tengo la culpa de parecerme a Super Coco.

Un abrazo,

Rato Raro  

sábado, 23 de octubre de 2010

Momentos de mi infancia que marcaron mi vida

Mi infancia esta llena de buenos y malos momentos que fueron forjando mi carácter. El primer recuerdo que me viene a la mente, es de cuando mi madre quiso adiestrarme en el difícil arte de no hacerse las necesidades encima. Me ponía encima de una bacenilla que tenía pintado al pato Donald y no me dejaba levantar hasta que hacía “pipi” y “popo”. Como esto no era siempre un proceso inmediato, me arrastraba con la bacenilla por toda la casa, detrás de mi madre, llorando y diciendo que no quería hacer popo. Mi madre, impasible, hacía caso omiso a mis quejas y me dejaba allí, aunque fueran horas o días, hasta que finalmente evacuaba. Os juro que nunca me he vuelto hacer nada encima, ni tan siquiera con diarrea, me da pavor que me vuelva a sentar encima de esa bacenilla, ¡Me cago de miedo pensando en el pato Donald!

Cuando crecí y ya iba a la “Guarde”, mi madre me compro mi primer uniforme, la verdad es que me quedaba muy bien, todas las niñas se quedaban extasiadas mirándome. Pero, odiaba cuando mi madre en invierno, para que no pasase frío, me ponía en lugar de calcetines unos leotardillos. Supongo que la mujer no quería que tuviese frío en los huevecillos. Cada vez que me quitaba los pantalones me sentía como Heidi. ¡Si me llega a ver Michael Jackson me llevaba a Neteherland! Creo que eso fue lo que hizo que perdiese toda mi confianza con las mujeres. A veces me despierto sudando porque he tenido un sueño en el que estoy con una tremenda jamona en actitud cariñosa, cuando ella se dice bajarme los pantalones, se encuentra con unos leotarditos lilillas y empieza a reírse de mí sin parar. ¡Dios, es horrible!

Mi madre siempre nos bañaba juntos a mi hermana y a mí cuando éramos pequeños, al principio no había problema pero claro los años pasaban y nos seguía bañando juntos para ahorrar agua. Al final mi hermana me metía la rodilla en la boca y yo a ella el pie. Lo peor, es que a mi hermana la sacaba de la bañera primero y yo me quedada heladito esperando en la bañera, con los huevecillos duritos porque el agua se había enfriado. Ahora siempre que estoy en la ducha, cierro el cuarto de baño a cal y canto y pongo el agua próxima a su punto de ebullición.

Aún se me caen las lágrimas cuando recuerdo cuando mi padre me regalo mi primera mascota. Era un pececillo de color naranja, al que bautice con el nombre de “Puzzy”. Os juro que no sabía que aún pez si le echas comida, come hasta que revienta. No traía libro de instrucciones y yo como no quería que pasase hambre, le estuve echando de comer durante horas, hasta que su pobre estómago no aguanto más y acabo reventando. Nunca lo he superado, ¡Esta es la razón amigos de que nunca os invite a comer!

Desde que  me compro yo mi propia ropa, no volví ponerme nunca más un jersey de cuello cisne. Recuerdo cuando mi madre me los quitaba por la noche, la mujer estaba fuerte y tiraba con tanta ansia que terminaba por arrancarme las orejas. Luego tenía que grapármelas otra vez a la cara y siempre me dejaba una oreja más alta que la otra.

Mi madre siempre me peinaba con colonia barata, no recuerdo la marca, se que era a granel y que venía en un bote marrón. Tenía la propiedad de que durante horas te picaba el cabello y yo claro me rascaba, pero lo hacía con tanta ansia que me caían unos tremendos mechones de pelo. Creo que fui el primer niño de mi cole que empezó a llevar peluca con diez años. Recuerdo cuando mi padre venía a verme jugar al fútbol y me llamaba burro cuando tenía que rematar de cabeza y no lo hacía, por miedo a que se me cayese la peluca.

Uno de esos momentos inolvidables, es cuando te llega la pubertad y cada vez que te descalzas, tus pies emanan un olor muy similar al de una bomba fétida. Mi habitación, lugar donde depositaba mis tenis, olía a cuadra, era asqueroso, entrar allí era como estar en al lado de un basurero. Supongo esa es la razón porque la que no soporto el queso.

¿Os acordáis de aquellos bocatas de nocilla y de mantequilla que nos hacían comer nuestras madres?, los míos eran de una barra entera. Mi madre me decía que no podía salir  a jugar hasta que lo terminase, tardaba horas en comérmelo y claro se hacía de noche y ya no podía salir a jugar con mis amiguitos. Creo que esto me ha agriado el carácter.

¿De dónde creéis que  me ha salido este carácter amargado, irascible y arisco? Por favor, ahora soy yo quién necesita vuestros consejillos.

Un abrazo,

Rato Raro


lunes, 18 de octubre de 2010

A vueltas con la reforma laboral

Después de que mi querido contrabloguero "Soyunmendrugo", se cargase el formato de mi colaboración en su blog, he decido publicarlo también en el mio. Aquí os la dejo:

Se que últimamente me repito mucho en mis post, pero comentarios como el del “Señor” Díaz Ferrán en los que propone una reforma laboral basada en que los pobres curritos trabajemos más horas y cobremos aún menos, ¡me cabrean!

Y yo me pregunto: ¿por qué no se plantea otro tipo de reformas? Sin ser un experto economía creo que la mayoría de las veces, por no decir todas, el cierre de una empresa tiene más que ver con las capacidades de un empresario para dirigir que con la facilidad que estos tienen en esclavizar, contratar o despedir trabajadores.

Creo que hubiera sido de bastante sentido común, por parte de los sindicatos convocantes de la huelga general, no solo luchar para que no nos reduzcan derechos sino también para que se mejore el desempeño de los empresarios.

Pues bien, “Señor” Díaz Ferrán, inspirándome en su curriculum, yo también quiero sugerirle una reforma laboral basada en diez mandamientos más uno a propuesta del maestro Jaramos:

1. Evitar que las empresas piense únicamente en su beneficio en el corto plazo.
2. Prohibir que sean los propios directivos de las empresas los que se asignen su salario.
3. Regular la bolsa, de tal forma que el valor de una acción no dependa única y exclusivamente de los beneficios que una empresa genere en el corto plazo. Sino valorar los recursos con los que cuenta con la empresa, ¡vaya su patrimonio!
4. Evitar que las empresas puedan pagar a quienes los controlan. Por ejemplo, como en el caso de las certificadoras de calidad, ¿qué sentido tiene?
5. Y como uno de mis clásicos, dificultar la creación de gigantes empresariales, como bancos, petroleras...que acaban por controlar el mercado, jodiendonos a todos con unos precios abusivos.
6. Penar la asunción de riesgos innecesarios por parte de los directivos.
7. Evitar que chorizos como “usted” puedan salir con los bolsillos repletos después de que su empresa o empresas se declaren en quiebra.
8. Crear una entidad financiera estatal que facilite el acceso a una financiación barata y a largo plazo a las empresas.
9. Fijar las cotizaciones a la seguridad social en función del tipo de contrato, bonificando los contratos indefinidos.
10.Legalizar la marihuana, con el fin de amortiguar los efectos que la crisis tiene en nuestro sistema nervioso.


Y la más importante:11.Poner sillas o sillones con cojines en las farmacias, que la Seguridad Social pague los bastones y la gorra para salir al parque y que los niños y jovencitos les llamen de "usted" a los jubilados.

Como podrá usted comprobar, creo que el problema de la crisis reside casi exclusivamente en ustedes, así que ¡deje de tocarnos los huevos con sus propuestas de reforma!


sábado, 16 de octubre de 2010

Surreal

Me encontraba ya enfundado en mi pijamita (cada día me gusta más) mirándome al espejo antes de ir a la cama (que culito). Dormir es algo que me gusta y que no hago tanto como me gustaría, pero tenía tiempo y decidí echarme una siesta de pijama y orinal.

Me iba quedando dormido cuando de pronto en la habitación entra un fulano con ojos de loco y un bigote finito, finito, ¡Surrealismo! Gritaba el hombre, que también llevaba un extraño gorro rojo, parecido al de los pitufos. ¡Surrealissssssmo! Volvió a gritar mientras yo intentaba salir de la cama para echar a aquel tipo raro que no me dejaba dormir mi planificada siesta. “Tápese caballero, no haga que me ponga cariñoso” me dijo. Decidí hacerle caso (no me apetecía que aquel señor mayor se pusiera cariñoso) y me puse unos pantalones de payaso y una camiseta a rayas (¡que estilismo!).

El hombre del bigote me saco a la calle, aún de tarde. No me dirigió la palabra, pero yo entendía que debía seguirle. Al cabo de diez minutos aparecimos en un jardín de mi barrio al que llevaba a mi perrita. ¡Surrealissssssmo! “No sé a que te refieres con esa palabra” “Ya lo sé, por eso he aparecido querido Rato, soy el fantasma de las vacaciones pasadas y vengo a hablarte de que significa ¡surrealisssssmo!” Se abrazó a un peral en flor y comenzó a ¿recitar?“En toda mentira hay siempre un fondo, más o menos amargo, de verdad”, “Esos otros mundos están en el nuestro”, “El que quiere interesar a los demás debe provocarlos”, “La única diferencia entre yo y un loco, es que yo no estoy loco”. Aquel hombre empezaba a darme miedo con todas aquellas frases sin sentido, pero en un momento dado todo cambió “Los errores tienen casi siempre un carácter sagrado. Nunca intentéis corregirlos. Al contrario: lo que procede es racionalizarlos, compenetrarse con aquellos integralmente. Después, os será posible subliminarlos”. Y el hombre desapareció, al tiempo que notaba la lengua húmeda de mi perrita en mi naricilla. Tras apartarla de malos modos decidí que todo aquello había sido un sueño. Corrí raudo a la enciclopedia y busqué surrealismo. Allí estaba la foto de ese hombre. MALDITA SEA, ERA YO, ERA YO.

A partir de este particular he decidido dejar de ver películas en las que se entremezclen sueños y realidad. Y, quizás, de ponerme este pijamita, empiezo a pensar que me arrastra a todo tipo de problemas.


Una colaboración especial de Soyunmendrugo.

PD: Mi blog agradece cualquier otro tipo de colaboración de amigos o lectores